República Checa, y Praga en particular, es uno de los destinos más magnéticos de Europa Central para quienes organizan viajes para solteros en República Checa. La Ciudad de las Cien Torres guarda bajo su pátina medieval una vida social bulliciosa, una escena cultural de primera y una tradición cervecera que es, en sí misma, el mayor ritual social del país. Para el viajero soltero, Praga es una ciudad donde la belleza arquitectónica y el ambiente animado de sus calles y plazas hacen que cada paseo sea una oportunidad de encuentro.
La República Checa —y especialmente Praga— lleva décadas siendo uno de los destinos europeos más elegidos para los viajes para solteros, y sigue mereciendo ese estatus con creces. La capital checa combina una de las arquitecturas medievales más intactas de Europa (sobrevivió a las dos guerras mundiales prácticamente indemne) con una cultura de la cerveza artesanal que es parte intrínseca de la identidad nacional, una escena musical de jazz y música clásica vibrante y una vida nocturna de gran variedad. Más allá de Praga, la región de Moravia y ciudades como Brno, Olomouc y el paisaje de Bohemia del Sur ofrecen experiencias auténticas lejos de las multitudes.
El precio de vida todavía favorable, la excelente conexión aérea desde toda Europa y el hecho de que Praga sea una de las ciudades más bellas a pie del continente hacen del país una opción perfecta para viajeros solos que quieren maximizar la experiencia con un presupuesto razonable.
Praga se divide en barrios con personalidades muy distintas: el Castillo de Praga y el Barrio de Hradčany en la colina dominan la ciudad desde arriba; el Barrio Viejo con la Plaza de la Ciudad Vieja, el Reloj Astronómico y el Puente de Carlos son el corazón turístico; pero los barrios de Vinohrady y Žižkov son donde late el Praga más local y auténtico, con sus cafés de especialidad, librerías y restaurantes de cocina checa moderna.
La cerveza checa es la mejor del mundo por reputación general: visitar una de las cervecerías Pilsner Urquell en Pilsen, explorar las microcervecerías de Praga como Pivovar Maláš o Pivovar U Fleků (la más antigua en funcionamiento de Praga, desde 1499) son experiencias que el cervecero ocasional recordará siempre. Hacer República Checa para solteros también significa descubrir el Karst Boemo con sus cuevas de estalactitas, los castillos de Český Krumlov —un cuento de hadas habitado— o el balneario art nouveau de Karlovy Vary.
Los conciertos de música clásica en iglesias barrocas de Praga son asequibles (desde 15 euros), íntimos y de alta calidad: una noche de Mozart o Dvořák en el Teatro Estates (donde se estrenó Don Giovanni) es experiencia única.
Los pivnice (tabernas de cerveza) son el espacio social central de la cultura checa: sentarse en la mesa larga compartida de una pivnice tradicional es prácticamente una invitación a conversar. El barrio de Žižkov en Praga tiene la mayor concentración de bares por habitante de toda Europa y un ambiente antiturístico y genuino. Los free tours y los pub crawls organizados desde albergues como The Czech Inn o Sir Toby's son los mejores puntos de arranque para conocer a otros viajeros solos.
La corona checa (CZK) es la moneda local; evita cambiar dinero en los quioscos del centro de Praga, que aplican comisiones abusivas. Los cajeros automáticos de los bancos dan el mejor tipo de cambio. La mejor época es mayo y septiembre; en diciembre los mercados de Navidad de Praga son mágicos pero muy concurridos. El metro de Praga es eficiente y barato; la tarjeta de 24 horas cuesta unos 4 euros. Reserva el castillo y el puente de Carlos para primera hora de la mañana antes de que lleguen los grupos.