Bélgica es un destino que supera con creces las expectativas del viajero soltero que la visita por primera vez. Más allá de sus famosas cervezas artesanales y sus chocolates, los viajes para solteros en Bélgica descubren un país con una identidad cultural extraordinariamente rica y compleja, dividida entre la Flandes flamenca y la Valonia francófona, con Bruselas como capital multicultural y epicentro de la política europea. Esta mezcla crea una sociedad abierta, cosmopolita y perfecta para el viajero solo.
Los viajes para solteros en Bélgica suelen comenzar con una revelación: este pequeño país en el corazón de Europa tiene una densidad de experiencias extraordinaria. Bélgica para solteros significa disfrutar de una de las mejores cervezas del mundo en el propio lugar donde se elaboran, pasearse por calles medievales perfectamente conservadas, visitar museos de primera clase y sumergirte en una cultura gastronómica que figura entre las más envidiadas del continente. Además, su posición central en Europa la convierte en la base perfecta desde la que hacer day trips a Ámsterdam, París o Londres.
La diversidad lingüística del país —flamenco, francés y alemán como lenguas oficiales— convierte a Bélgica en un destino donde cada ciudad tiene una personalidad propia y diferenciada, algo inusual para un país tan pequeño.
Brujas es posiblemente la ciudad medieval mejor conservada del norte de Europa: sus canales, puentes de piedra, molinos de viento y la perfecta Grote Markt crean una atmósfera de cuento. Bruselas sorprende con la magnífica Grand Place (considerada una de las plazas más bellas del mundo), el barrio del cómic, los museos de arte y su doble función como capital belga y sede de la UE. Gante, con su enorme población universitaria, tiene una energía joven y alternativa única. Los Campos de Batalla de Flandes (Ypres e Ieper) ofrecen una experiencia histórica profundamente conmovedora sobre la Primera Guerra Mundial. Las Ardenas al sur son perfectas para senderismo y ciclismo.
La cultura de la cerveza belga (bière o bier) es en sí misma un vehículo social perfecto: las cafeterías tradicionales belgas como el Delirium Café en Bruselas (con más de 2.000 cervezas en carta) o el Bruges Beertje en Brujas atraen a viajeros apasionados con quienes es fácil iniciar conversación. En Gante, los bares del Patershol y los alrededores de Vrijdagmarkt son el epicentro de la vida social estudiantil. Los hostels en Brujas y Bruselas, como el Bauhaus Hostel en Brujas y el Meininger Brussels, organizan actividades regulares. Los mercados de chocolate y gaufres (waffles) también son perfectos puntos de encuentro informal.
El tren Intercity belga es la mejor forma de moverse entre Bruselas, Brujas, Gante y otras ciudades: rápido, frecuente y relativamente económico. El Eurail Pass o los billetes de fin de semana de la SNCB ofrecen descuentos importantes. Bélgica es un país caro para comer fuera: los friteries (puestos de frites —las famosas patatas fritas belgas, servidas con salsa) son la opción gastronómica callejera más económica y auténtica. Si visitas en diciembre, los mercados navideños de Bruselas y Brujas son de los más bonitos de Europa. El chocolate belga de calidad (Neuhaus, Godiva, Pierre Marcolini) es el souvenir por antonomasia.