Irán es quizás el destino más sorprendente e incomprendido del mundo, y para los viajeros más curiosos y aventureros, los viajes para solteros en Irán representan una de las experiencias humanas más extraordinarias que se pueden vivir. Lejos de la imagen que los medios occidentales proyectan del país, el viajero que llega a Irán descubre un pueblo extraordinariamente culto, hospitalario y curioso por los extranjeros, heredero de una de las civilizaciones más antiguas y refinadas de la historia.
Irán es uno de los destinos más sorprendentes, mal comprendidos y fascinantes del mundo para los viajes para solteros que buscan salirse de los caminos trillados. Lejos de los clichés de las noticias internacionales, el Irán real es un país con una de las civilizaciones más antiguas y ricas del planeta, una arquitectura islámica de belleza sublime, una gastronomía extraordinaria y, sobre todo, un pueblo iraní de una hospitalidad y calidez hacia los extranjeros que deja a todos los visitantes absolutamente impactados. Viajar solo a Irán es descubrir que los supuestos «enemigos» son, en realidad, de las personas más amables que jamás conocerás.
Explorar Irán para solteros exige algo de preparación: la mayoría de los pasaportes occidentales requieren un visado previo (aunque hay excepciones), y conviene gestionar el dinero en efectivo antes de llegar (las tarjetas internacionales no funcionan por las sanciones). Sin embargo, estos obstáculos logísticos se compensan con creces por la experiencia: el turismo masivo todavía no ha llegado a Irán, lo que significa autenticidad pura y encuentros humanos que en otros destinos ya no existen.
Teherán, la capital, es una megalópolis caótica y estimulante que a menudo se subestima. El Gran Bazar de Teherán es uno de los mayores y más activos del mundo islámico; el Museo Nacional de Irán alberga tesoros de 7.000 años de historia persa; y los museos del Palacio de Golestán (Patrimonio UNESCO) permiten asomarse al esplendor de la dinastía Qajar. Los barrios del norte de la ciudad, como Darband con su valle de montaña y sus tea houses, muestran una Teherán completamente inesperada.
Isfahán es la joya absoluta del país: su Plaza Naqsh-e Jahan —la segunda plaza más grande del mundo— está rodeada por la Mezquita del Imán, la Mezquita del Jeque Lotfollah y el Palacio Ali Qapu, tres obras maestras de la arquitectura islámica que dejan sin palabras. Los puentes del siglo XVII sobre el río Zayandeh son puntos de encuentro social donde los isfahaníes pasean, cantan y conversan al atardecer, y donde un extranjero solo será invitado a unirse casi con seguridad.
Shiraz seduce con la fragancia de sus rosas, sus jardines persas y las ruinas de Persépolis: la antigua capital aqueménida donde Darío el Grande recibía tributos de todo el mundo conocido. Yazd, con sus torres del viento y sus callejuelas de adobe que parecen del Señor de los Anillos, y Kashan con sus mansiones de mercaderes completamente restauradas completan un itinerario de belleza abrumadora.
La socialización en Irán funciona de manera orgánica y espontánea: los iraníes prácticamente persiguen a los turistas extranjeros para invitarlos a tomar té, a cenar o a conocer a su familia. El concepto de ta'arof (hospitalidad ritual) significa que serás invitado a casa más veces de las que imaginas. Los tea houses (casas de té) de Isfahán e Yazd son puntos de encuentro natural para otros viajeros internacionales. Los tours organizados desde Teherán son muy recomendables para conocer a otros viajeros solteros que comparten el interés por este país poco convencional.
Las mujeres solteras deben llevar el pañuelo en público (el cumplimiento varía según la zona), pero viajan con total seguridad. Lleva suficiente efectivo en euros o dólares para cambiar al llegar. La moneda local es el rial, aunque la gente habla en tomanes (un toman = 10 riales). Las VPN son imprescindibles para usar Instagram y WhatsApp. Para los viajes para solteros en Irán, la mejor época es primavera (abril-mayo) y otoño (septiembre-octubre), cuando el calor es tolerable en todo el país.